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La Coctelera

HOLA FACILITADOR@S

Hola facilitador@s, estuve entre ustedes y con ustedes en el pasado seminario de la calle Moras del D.F. Ya en Xalapa preparo mis presentaciones y mis labores como facilitador. A veces entro al sitio elosiodelossantos pero me parece un poco difícil entrar allí, aunque vale mucho la pena animar el o los foros, saludos a Sergio. Ahora, si diste con mi blog, aquí te paso el siguiente enlace para que veas que hay documentos power point que te pueden servir; quizá ya lo sepas pero no está de más insistir:

- Programa de apoyo a los y las jóvenes...

LA SALVACIÓN POR LA LECTURA O ¿LEER ES UNA DULCE PORQUERÍA?

Se ha escrito y dicho tanto acerca de la lectura de libros… Una afirmación más que valga la pena tomarse en cuenta, debe poseer algún rasgo de originalidad o, en todo caso, debe incitarnos a la reflexión -otra vez en relación a ese acto muy humano que algunos convencidos denominan con el nombre de hábito.

Si leemos por allí, concretamente en la novela Tierras de Cristal (Castelli di rabbia), de Alessandro Baricco (Turín, Italia, 1958), nos encontramos ante una sólida y rotunda expresión en torno de la lectura. Primero el contexto y después el fragmento que hace alusión al trance de leer. En la parte 2 del libro, el narrador nos cuenta el encuentro sexual entre el señor Dann Rail –dueño de la empresa llamada Cristalerías Rail– y su hermosa esposa Jun. La pareja hace el amor. El hombre ha retornado una vez más a poseer el cuerpo lúbrico de su mujer, ha vuelto de sus andanzas por el mundo; en esta ocasión instalado en su hogar confiesa a su consorte lo que ha adquirido, para justificar su ausencia o para seguir siendo fiel a sus conocidas extravagancias. Consumado el acto sexual la mujer se halla intrigada, cuando el señor Rail le dice:

“- Jun, no puedes imaginarte lo que te he comprado esta vez”.

La mujer en verdad no se lo imagina. Y el narrador pospone la noticia catorce páginas más adelante o, mejor dicho, nos induce a que la sepamos por las descripciones muy detalladas de dos factores esenciales en las vidas de los seres que viven el auge de las invenciones tecnológicas con relación a la locomoción en territorios del centro de Europa, en el siglo XIX: el tiempo, su medición y la velocidad, su relatividad. El tiempo objetivado por el reloj de la Grand Junction, una línea ferroviaria que corre desde Londres a Dublín; en el recorrido del tren, después por mar en un trasbordador el personal lleva consigo un reloj que indica la hora exacta, el artefacto viaja metido en una caja de terciopelo, como una joya y esto da a la rutina del viaje el valor de un rito. Pero los habitantes de Quinnipak, la ciudad imaginaria donde se desarrolla la novela, nunca han necesitado de esa ceremonia por una sencilla razón: no pasa tren alguno por su territorio. Así el narrador nos da a conocer la relatividad objetivada en una locomotora: “Pero el tren… aquello era exacto, era tiempo convertido en hierro, hierro corriendo sobre dos raíles, secuela precisa de antes y después, incesante procesión de travesaños… y sobre todo… era velocidad… velocidad.” (Pág. 59).

De esta forma el ferrocarril llega a las vidas de los europeos y con la novedad arriba también el miedo. Surge en la gente que empieza a viajar en tren un nexo indisoluble entre el presentimiento de la muerte y la imagen distorsionada del exterior (prados, animales, casas, ríos, personas, etcétera), producto de la vivencia de la velocidad; sin embargo, la gente en una proeza de adaptación a la temible, pero cada vez más necesaria experiencia de la velocidad, elige un gesto exacto y espléndido de salvación: comienza a leer durante el recorrido.

La salvación a través de algo muy sencillo: la lectura.

Si alguien quiere conocer un argumento esplendente, actual, acerca de la necesidad de leer, debe conocer el contenido de las páginas 65-66 de esta novela. Imposible citarlo letra por letra en este espacio, pero no debemos resistir un pequeño atisbo de lo que Baricco nos relata. La lectura es un acto de salvación, ya que la abstracción que conlleva evita que quien viaja voltee hacia la ventanilla por donde se mira el mundo recorrido. De allí la posible metáfora: “leer no es otra cosa que mirar fijamente un punto para no ser reducidos, y destruidos, por el incontrolable deslizarse del mundo.” (Pág. 65) Pero no se reduce todo a eso, ¿o acaso sí? Leer en un tren a gran velocidad significa batirse en retirada y el narrador lo dice directamente: “leer es una porquería dulcísima”. (Ibídem).

Y entonces nos damos cuenta de que de todas maneras una cita más amplia se hace ineludible:

“¿Quién puede comprender nada de la dulzura si nunca ha reclinado su propia vida, la vida entera, sobre la primera línea de la primera página de un libro? No, ésa es la única y más dulce custodia de todos los miedos –un libro que empieza. Por lo tanto, junto a millares de otras cosas, sombreros, animales, ambiciones, maletas, dinero, cartas de amor, enfermedades, botellas, armas, recuerdos, botas, gafas, abrigos de piel, risas, miradas, tristezas, familias, juguetes, enaguas, espejos, olores, lágrimas, guantes, ruidos –junto a esos millares de cosas que ya elevaban del suelo y lanzaban a velocidades prodigiosas, esos trenes que rayaban adelante y atrás al muerdo como heridas humeantes también llevaban en su interior la soledad de aquel secreto: el arte de leer.” (Pág. 66).

El narrador de Tierras de Cristal (Editorial Anagrama, Barcelona, 2003. Traductores: Carlos Gumpert y Xavier González Rovira) así lo ve. ¿Ustedes que piensan acerca del arte de leer? ¿Se lee para salvarse de los riesgos del mundo exterior? ¿Se lee como un viaje directo hacia el mundo interior? ¿Leer es como se afirma en esta novela “una dulce porquería”?

Me doy cuenta que también he pospuesto la respuesta del Señor Raíl a su hermosa mujer Jun, llegó el momento de saberla.

Los esposos descansan de la entrega apasionada. El campanario de Quinnipak da la hora: 12 de la noche. Jun quiere saber lo que esta vez ha comprado su excéntrico esposo, él contesta:

–Una locomotora.” (Pág. 70).


EL KI

EL KI DE ITSUO TSUDA

Itsuo Tsuda fue alumno de Aikido con el maestro Ueshiba. Nació en 1914, murió en 1984. Conocedor del Teatro No, japonés; del seitai y desde 1970 difusor en Europa del Movimiento Regenerador.

Itsuo Tsuda, leerlo es una grata enseñanza. La que se posibilita por la apertura a prácticas y pensamientos orientales. En la psicología es indispensable mantener una perspectiva interdisciplinaria, ya que se trabajan aspectos psíquicos de la gente y en nuestra cultura los procesos de pensamiento continúan siendo -en términos formales- los del racionalismo cartesiano: el pensar y el actuar (sobre todo el primer proceso) en función de relaciones causa-efecto, de la mecánica lógica que permite el sosiego en las personas, su adaptación pasiva al mundo que habita. La base de la racionalidad occidental es la creencia. Lo que perturba la armonía de la gente es cuando las simples creencias se convierten en ideas fijas que son prejuicios arraigados en la toma de decisiones. Escribo "perturba la armonía" porque existe un sinfín de padeceres de índole psicológica que atraviesan las vidas de las personas, aun cuando a nivel de sus estructuras de la personalidad, las cosas, lo digo así, marchen bien.

Para Itsuo Tsuda, es necesario apelar a las experiencias (no como evidencias del laboratorio científico) que atañen a los procesos subconscientes, en personas cuya visión rígida de la vida los conduce a quejarse hasta de síntomas de índole física, no sólo psicológica.

Aquí interviene un primer personaje: el maestro Noguchi. Percibo en Noguchi a un maestro de la visión holística, un ser que trabaja con la intuición creadora ante múltiples conflictos. Itsuo Tsuda ofrece varios ejemplos de cuando Noguchi actúa a través de cierta forma de “lenguaje subconsciente”; aquí lesanoto sólo un ejemplo.

El efecto que genera en ciertas personas la literatura médica es preocupante y atractivo a la vez, veamos el siguiente caso: “Una persona (…) sufría de úlcera de estómago. Tomaba sin cesar gelatina y toda clase de medicamentos, probaba unos y otros. Noguchi le dijo: ‘La úlcera de estómago ya no está de moda. Si usted quiere estar enfermo, no hay nada como la gota. La gota es la enfermedad de los reyes. Para tener la gota es necesario llevar verdaderamente una vida de lujo. La úlcera es una enfermedad de pobres. Comiendo cosas incomestibles se destroza el estómago.’”

La persona leyó un libro acerca de la gota y comenzó a presentar los síntomas descritos en el apartado del libro. Hubo un cambio de valores (creencias, ideas fijas) y olvidó su úlcera o su cáncer. “Ya ni hablaba de ello. Se ha especializado en el lujo.” Comenta Itsuo Tsuda.

Esta anécdota le cuenta al propio Itsuo Tsuda:

“Un día recibí la visita de un amigo que tenía la fama de rechazar cualquier bebida alcohólica. No podía ni siquiera soportar el olor.

Aquel día, como tenía sed, pidió un vaso de agua a mi mujer. Cuando hubo vaciado el vaso, mi mujer le preguntó:

-¿No ha sentido usted nada?

-No, ¿Por qué? ¿Qué ocurre?

-¡Pues bien! He echado algunas gotas de sake en el agua, pero si no ha sentido nada, tanto mejor.

En realidad no había echado nada en el agua. Pero como insistía tanto en su rechazo al alcohol, quiso gastarle una broma. Comprobó que su piel iba enrojeciendo y cuando nos dejó daba pasos inseguros como un perfecto borracho.”

Para Itsuo Tsuda “Una idea basta para cambiar la situación por completo. Ya que una idea no es simplemente una cosa definida y clasificada en algún sitio en el mental. Evoca enseguida toda una serie de representaciones de imágenes gráficas capaces de despertar reacciones físicas involuntarias.”

Y la gente padece por su pensar rígido. Lo que el paradigma racional mecanicista, cartesiano, positivista, ha legado a las personas hace tiempo que está en crisis, esto lo documenta de una manera bastante efectiva el film ¿Y tú qué sabes? Este librode Itsuo Tsuda Se inscribe singularmente es esa dirección. También habla de ciencia, de relatividad y teoría cuántica, del campo psi, de disciplinas marciales orientales.

Pero, sobre todo habla de La vía del desprendimiento, a través de referirse al denominado KI.

¿Y qué es el KI?

¿Y de qué se desprende el ser que buscad armonizar su vida?

EL KI

El KI no tiene equivalente en las lenguas occidentales, no se le puede describir, ni transmitir, sólo mostrar en distintas situaciones vitales. Itsuo Tsuda dice que el KI se “encuentra” entre el pensamiento y la acción. El KI es un no-concepto; no es una idea obtenida después de un esfuerzo intelectual de inducción. Pero el KI coloca al ser sobre un punto de vista intuitivo. “El KI se constata a través de hechos comunes. Sin embargo, es intransmisible intelectualmente.

Se habla de “Kokyu” en el aprendizaje de una arte japonés, “Kokyu” es el equivalente a la respiración, pero también significa habilidad manual, maña (se me ha ocurrido una semejanza irrespetuosa, pero no irresponsable, en la expresión muy mexicana de “echarle cachuy” a cualquier actividad que se realiza).

Un buen cocinero o un buen obrero necesitan del “Kokyu” para emplear correctamente sus herramientas.

El “Kokyu”, el KI, la respiración, la intuición, son los temas de las artes y oficios japoneses, y en este libro de Itsuo Tsuda se encuentran elaboraciones, explicaciones de todo ello centrando la atención en un personaje muy valioso en la vida de Tsuda, su maestro Ueshiba que era capaz de enfrentar sumotoris (luchadores de sumo), u otro tipos de artemarcialistas, siendo Ueshiba bajito de estatura, flaquito, lograba aventar hacia arriba a cualquier contrincante. La respuesta ante esta enigmática situación es que el maestro Ueshiba poseía el KI.

Itsuo Tsuda escribe: El KI precede a todo fenómeno vital, el KI no se enseña pero es contagioso.

Ante las descripciones avanzadas de la ciencia física si el KI se define como ondas o campo deja de ser el KI. Itsuo Tsuda nos acerca al KI al decir: “Todo acto humano se revela en el movimiento antes incluso de la toma de conciencia de este acto. Sólo nos damos cuenta una vez consumado el acto. Noguchi se interesó cada vez más por lo que precede al acto y a la toma de conciencia.

¿Cuál es el motor de todo aquello: el movimiento del cuerpo, el cambio fisiológico? Es el KI. Participa en el preconsciente. Es un término que sirve para designar los datos empíricos al estado bruto, sin pasar por elaboraciones intelectuales. El KI no es ni un fenómeno, ni la presencia hipotética de partículas-ondas de cualquier naturaleza.”

El KI en oposición a las explicaciones de naturaleza intelectual propias de las categorías científicas de occidente, pertenece a una terminología oriental de tipo intuitivo activo. Se usa para sentir y experimentar, y no para explicar. Agrego que servirá mucho para la comprensión psicológica de malestares, conflictos, actos singulares humanos etcétera.

El KI es una palabra sencilla que se aplica a una infinidad de situaciones. “Es rica y compleja. No necesitamos cambiarla.”

Interesante situación la del KI, muy significativa para psicologías y terapias como la gestáltica o las humanistas, quizá hasta las de tipo existencial. Lo que sucede con el KI compete a la expresión fenomenológica de las psicologías.

Itsuo Tsuda dice en una página de su libro. “Noguchi se queja de que la gente no sabe llevar un bebé en brazos. Le llevan como si fuera un paquete, y no como un ser vivo. Cada ser vivo tiene su ritmo particular que le es agradable. Cuando el bebé está sano tenemos la sensación de que pesa. Si nos parece ligero, algo le ha ocurrido. Un golpe en la cabeza es extremadamente peligroso. ¡Cómo saber si es pesado o ligero? Cuando se le coloca sobre una báscula, su peso objetivo no ha cambiado. Sólo unas manos sensibles y atentas pueden discernirlo. El KI es el amor, es la vida. Pertenece a la sabiduría del cuerpo, este cuerpo completamente olvidado en Europa a los largo de su evolución.”

Morihei Ueshiba, n. el 14 de diciembre de 1883, es el fundador del Aikido.

...

Fuente bibliográfica:

La vía del desprendimiento,

Itsuo Tsuda,

Editorial Eyras,

Madrid 1992.

UNAS PALABRAS DE YEHUDI MENUHIN Y SALUDO DE FIN DE AÑO

Escribe Pierre Berteaux en la Laudatio a Yehudi Menuhin cuando éste obtuvo el Premio de la Paz de la industria librera alemana: “Naciste en 1916 en Estados Unidos, dicho con más precisión en la ciudad cosmopolita de Nueva York. Tus padres oriundos de Rusia, se habían conocido en Jerusalén. Tanto tu madre Marutha, como tu padre Moshe eran rusos judíos”; y en el mensaje elogioso, el señor Berteaux alude al Orfeo mitológico quien en su actividad musical encantara hasta a las mismas bestias y el mundo mineral, y hemos de saber que este violinista llamado Yehudi un día volvió a Rusia. Bajo la transmisión del excelso canal de televisión Film and Arts atestiguamos el retorno que fue posible por invitación de Mikhail Gorbachov, en el otoño de 1987. La visita del violinista, después de 17 años sin volver a la Rusia de sus ancestros, fue apoteósica como podemos presenciarlo en el documental dirigido por Bruno Monsaingeon. Vemos a un Menuhin abrigado por el clima frío de las noches rusas; lo observamos ofreciendo un concierto didáctico a niños, gente joven y ancianos. Se le ve feliz ejecutando piezas en recitales con programas que incluyen piezas de Tchaikovsky, Beethoven, Bartók y Brahms, entre otros.

Nos hemos detenido leyendo este fin de año, en casa, un libro singular de Yehudi Menuhin. Se trata del volumen Lecciones de vida. El arte como responsabilidad. (Gedisa, Barcelona, 1997). Su prosa es aceptable; sus ideas, discutibles: es un pacifista convencido de las bondades de la especie humana, pero es crítico con los procesos alienantes de la vida social. La música es su contribución al mundo del arte, al sentido infinito de las posibilidades de humanizar la vida. Es un hombre nómada que ha enseñado la virtud de su arte y la apremiante necesidad de crear un mundo mejor. En el escrito llamado “El hombre como posibilidad” Menuhin nos dice:

“A algunos individuos les está deparado el cielo y a otros el infierno, mientras que la mayoría padece, a veces son dichosos, a veces están tristes, a veces soportan indecibles dolores y tormentos y a veces encuentran alivio en la oración, en una velada musical, en una droga, un gesto magnánimo o quizá también en forma de satisfacción de alguna venganza.”

Muy bien. Así dichas las palabras adquieren un sentido de que quien las emite conoce la tensión del ser humano, y no le asusta ese vaivén existencial entre el dolor y lo que lo intenta mitigar; Menuhin es un humanista en sus textos, es una persona lúcida, crítica. Esperanzado este músico en las potencias humanas, a través sobre todo del arte como arma cargada de futuro, por supuesto. Y este fin de 2007 nos vienen bien estas palabras pues no es posible levantar las copas de la hipocresía para querer ahuyentar en su tintineo el conocimiento que todos tenemos de que sufrimos y vemos sufrir a los demás, hasta en noches de reunión como la última del año que se va.

Queremos decir aquí que debemos sonreír o llorar, porque es necesario. Llorar y reír por nuestra pequeñez y nuestra grandeza. Llorar nuestras adicciones, sonreír por nuestras gratas compañías; llorar por las pérdidas, sonreír por las ganancias de la amistad y el amor; llorar por del desamor y sonreír por que hemos avizorado el nacimiento del perdón.

...

Esta primera persona del plural me llama la atención, pero ahora retorno a la primera persona, pero del singular, sin más preámbulos: Yo quiero desearles una noche inolvidable este 31 de diciembre de 2007. Una noche donde exista plena percepción de lo que se es y de lo que se quiere llegar a ser. Por eso van mis pensamientos en el sentido de que estoy bien y que también porque les deseo lo mejor, a todos ustedes mis amig@s de este mundo de los blogs, en nuestra lengua común, el español.

VIDA Y CONCIENCIA

CONFERENCIA DE

HENRI BERGSON

(1911)

Si como he leído en varios textos, por ejemplo en Ramón Xirau, Henri Bergson (1859-1941) empleó la intuición emocional para hacer filosofía, me pregunto si su pensamiento filosófico y su producción libresca que mereció el premio Nobel de Literatura, en 1927, está influido por su formación como psicólogo, porque al menos en esta conferencia llamada “Vida y conciencia” toca parcelas de esta disciplina: “Conciencia”, “memoria” “vida”, relación mutua entre conciencia y vida.

Bergson explica: Por un lado los metafísicos, con sus grandes cuestionamientos y el tema de la existencia en general (lo posible, lo real, el tiempo, el espacio, la espiritualidad, la materialidad, etcétera) intentan el descenso a la conciencia, a la vida. Y observa que los metafísicos captan que sus especulaciones son abstractas y sólo se refieren a la idea que de esos temas se hacen, sin tener en cuenta el empirismo necesario.

Para este pensador francés cuando los metafísicos hacen filosofía, se valen únicamente de la fuerza del razonamiento, incluyendo el razonamiento de tipo geométrico, con sus abstracciones, y sus esfuerzos construyen esquemas desapegados, no obstante, de la realidad sinuosa. Preferible para Bergson es trabajar desde una filosofía más modesta, que vaya directa al objeto sin preocuparse por los principios de los cuales depende: Una filosofía que se tome su tiempo para acceder a certezas definitivas.

RELACIONES ENTRE CONCIENCIA Y VIDA

Tres son las líneas de hechos que propone Bergson, para analizar la relación entre conciencia y vida; él expone que es necesario prolongarlas hipotéticamente para poder llegar a conclusiones probables, acerca de dicha relación.

1ª. Línea de hechos: Quien dice espíritu dice conciencia.

2ª. Línea de hechos: La facultad de elegir, de decidir.

3ª. Línea de hechos: Definir a cabalidad lo que precede al acto en los seres humanos.

1.- QUIEN DICE ESPÍRITU DICE CONCIENCIA

Uno de los rasgos más aparentes de la conciencia es lo que se denomina como espíritu, que para Bergson en primer lugar significa memoria.

“Toda conciencia es memoria –conservación y acumulación del pasado en el presente. Y anticipación del futuro (…)”.

El espíritu se ocupa de lo que es con vistas a lo que será.

La atención es espera y no hay conciencia sin cierta atención a la vida, y eso de atender es por ganar futuro: Actuando.

Primera función de la conciencia: Retener lo que ya no es, y anticipar lo que aún no es.

El presente es un límite teórico que separa el pasado del futuro, puede concebirse pero no se percibe.

Percibimos una determinada densidad de duración que se compone de dos partes:

- Nuestro pasado inmediato (apoyo);

- Nuestro futuro inminente (inclinación).

Percibimos la conciencia de los actos en el apoyo e inclinación hacia ellos. Esto es lo propio del ser consciente. Por lo tanto: Conciencia es un nexo entre lo que ha sido y lo que será.

2.- LOS SERES CONCIENTES ELIGEN

Los que tienen una conciencia mediada por el cerebro, son los seres humanos, que están equipados de actos reflejos mediados por la médula espinal, y mediante el proceso cerebral se acciona en aquéllos un mecanismo no sólo aceptado, sino que también elegido.

El cerebro es un órgano de elección.

La conciencia retiene el pasado y anticipa el futuro, porque está llamada a efectuar una elección. Para elegir hay que pensar en lo que se podrá hacer y rememorar las consecuencias, ventajosas o perjudiciales de lo que ya se ha hecho; hay que prever y hay que recordar.

La conciencia se adormece allí donde no hay movimiento espontáneo y se exalta cuando la vida se dirige hacia la actividad libre.

Hay momentos de mayor visibilidad de la conciencia: Instantes de crisis interna, de conflicto, de duda en la decisión, de advertir que nuestro futuro será lo que nosotros hagamos que sea.

Si conciencia significa memoria y anticipación, es porque conciencia es sinónimo de elección.

Cerebro marca aquí materia, en su inercia, en su geometría, en su necesidad, y vida es un proceso global dinámico y libre, que elige, que crea.

COEXTENSIÓN DE VIDA Y MATERIALIDAD

La conciencia de hecho es coexistencia con la vida porque ella elige, crea, donde pasado, presente y futuro se interpenetran. Conciencia y materialidad son formas de existencia radicalmente diferentes, pues la primera “se desarrolla” en libertad; la segunda, subsiste en la necesidad. La vida conciente las concilia, porque la vida es “La libertad insertándose en la necesidad y volviéndola en provecho propio. Cuando la materia ofrece una determinada elasticidad, ahí se instala la conciencia.

3.- LA REPRESENTACIÓN PRECEDE AL ACTO EN LOS SERES HUMANOS

La duración de las cosas son los acontecimientos que siendo enorme pasado potencian a las personas a ser conscientes del mundo/universo que habitan. Lo pequeño hace grande a los seres humanos, quienes al percibir contraen los acontecimientos del universo material.

La conciencia se manifiesta como una fuerza que se inserta en la materia, se apodera de ella y la emplea en provecho propio. A un acto decretado por la conciencia hay una percepción que lo prepara.

EL PUNTO EN QUE CONVERGEN LAS TRES LÍNEAS DE HECHOS

Tenemos Materia sometida a la necesidad; la Conciencia que es memoria con libertad que es duración. Materia y Conciencia derivan de una fuente común: El Espíritu.

El Espíritu es una fuerza que trabaja visiblemente intentando liberarse de sus trabas y superarse a sí misma, su destino es dar primero todo lo que tiene y después más de lo que tiene. La evolución de la vida es la corriente de conciencia que desemboca en los seres humanos.

Aquí la Vida es reproducción y evolución de la materia, que se manifiesta en la necesidad de crecer en número y en riqueza por la multiplicación en el espacio y por la complicación en el tiempo; los dos motores: El amor y la ambición.

OTRAS LÍNEAS DE HECHOS DONDE CONVERGEN

CONCIENCIA Y VIDA

LA ACTIVIDAD CREADORA

La base es la materia y la conciencia, una frente a otra. Un pensamiento abandonado a sí mismo, es continuidad confusa.

Para que el pensamiento se haga distinto, es necesario que se disperse en palabras.

Aquí Bergson es más claro aún: “Sólo nos damos cuenta de lo que tenemos en la mente cuando tomamos una hoja de papel y alineamos unos junto a otros los términos que se interpenetraban.”

La obra exige un esfuerzo, la realización material del objeto artístico obedece a un esfuerzo penoso, que es más precioso que la obra en que desemboca, “pues gracias a él se ha sacado de sí más de lo que había, se ha elevado uno por encima de sí mismo.”

LA ALEGRÍA

En la alegría opuesta al placer, en la alegría de la creación científica y artística; sin embargo, “Es la creación de sí mismo por uno mismo, el crecimiento de la personalidad mediante un esfuerzo que saca lo mucho de lo poco, que saca algo de la nada, añadiendo sin cesar algo a la riqueza que había en el mundo”, se trata, pues, de una de las operaciones donde la conciencia alcanza una plenitud vital que todo lo puede.

En este orden de ideas destaca además la vida moral, que es corriente creadora de aquel hombre o aquella mujer que enciende focos de generosidad, cercanos al origen del lenguaje primitivo que es recuperación de los dones creativos de los seres humanos.

Por supuesto que aquí entra también la vida social, una tensión constante entre el instinto y la inteligencia. Y me atrevo a pensar que Bergson nos hace entrar, ya pos nuestra propia cuenta al ethos, que en Juliana Gonzáles es lo que dota de sentido a os seres humanos. El ethos es el mundo del sentido, de las cualidades humanas, allí donde surgen, se generan los valores éticos, estéticos, religiosos, científicos y metafísicos.

El ethos condesa de esta manera lo libre, lo cualitativo, lo individual, lo amoroso, lo “espiritual”. El ethos es la segunda naturaleza que está más allá de physis (el mundo físico), en forma de naturaleza moral, lo que crea al los seres humanos como tales, y aquí entra en funciones la praxis (proceso activo de transformación de la vida) y la poiesis (hacer, fabricar, construir pero también engendrar, dar a luz).

Pero me alejo de Bergson, quien me ha dado una cierta clave filosófica para entender que es conciencia y cómo entra en relación con la vida, y sobre todo con la vida creadora.

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FUENTE PRINCIPAL:

Conferencia “Vida y conciencia”, en La energía espiritual, Madrid, Espasa-Calpe, 1982.

EL CONSTRUCTIVISMO RADICAL DE PAUL WATZLAWICK

Libro síntesis donde el autor establece en términos generales las bases teóricas del Constructivismo al que se encuentra adscrito, sobre todo como psicoterapeuta.

El Constructivismo de Paul Watzlawick pretende una noción de realidad, como función de la alta subjetividad comprometida por el ser humano cuando éste rompe el pensamiento dualista acerca del mundo. Ni alma (individuo aislado), ni masa; ni dentro (en el exclusivo psiquismo del ser), ni fuera (en el contexto de las colectividades); sino que el enfoque sistémico del constructivismo se interesa por el concepto de relación: “Por un lado, estamos determinados mediante las propiedades del sistema al que pertenecemos, pero también estamos en condiciones de poder intervenir de modo autónomo y de generar cambios.”

La realidad se genera cuando el ser humano nombra los objetos, las relaciones entre ellos y, ante todo, enuncia su perplejidad en dicha construcción de la realidad. Al colocar nombres la persona cognoscente fija sentidos; no es que las cosas nombradas adquieran objetividad sólo por el hecho de existir, es el sujeto al relacionarse con ellas quien elabora conceptos y elabora sentidos útiles para alcanzar un conocimiento valioso de esa relación. De esta manera establece distinciones.

Los fenómenos psicológicos desde una óptica constructivista no son abordados con base en un análisis monádico, ni siquiera dualista; los aspectos del pensar y del actuar humanos no son abordados poniendo énfasis en lo que sucede dentro del individuo o fuera de él; aquí el autor subraya con ejemplos muy ilustrativos que “los fenómenos derivan de la relación y que, por consiguiente, desbordan el ámbito de lo personal.”

Así la interdependencia entre “dentro” y “fuera” es la que hay que tomar en cuenta para dilucidar la problemática a enfrentar.

Al texto lo acompañan citas de autores como Ross Ashby, Gregory Bateson, Alfred Koschipski, Martin Buber, Arthur Koestler, Robert Musil, Victor Frankl, entre otros. Es con el pensamiento del biólogo Francisco Varela donde Watzlawick encuentra el sostén clave para su crítica de la percepción común de los seres humanos.

Con Varela, Watzlawick señala el papel crucial del observador al intervenir “En contra de la suposición ampliamente difundida, el cuidadoso examen de una observación destapa las propiedades del observador. Nosotros, los observadores, nos distinguimos precisamente mediante la diferenciación de aquello que aparentemente no somos, es decir, mediante el mundo”.

LA DISTINCIÓN

Los seres humanos al observar y reflexionar acerca de lo observado señalan una distinción: fundan una división entre lo observado (el mundo) y aspectos que luego se tienen por el mundo mismo. Esa distinción hace referencia más al punto de vista del observador, que al verdadero modo de ser del mundo. Curioso planteamiento. Esto es parte de esa premisas que conducen a concebir la realidad del mundo como producto de la construcción que erige el observador, más que de la existencia de un mundo aparte, objetivo en si.

Entre lo observado y el sentido que involucra esa distinción se hace la diferencia, y el constructivismo pensará más en los sentidos que atribuyen las personas a lo que observan, que en lo que se cree es lo netamente objetivo.

La atribución de sentido es la base del constructivismo radical. Dice Watzlawick: “Sólo hay atribuciones de sentido, sobre las que se puede debatir hasta el infinito”. Claro, pues los observadores son ese infinito de posibilidades de percibir y señalar un sentido a lo observado. Pero ¿el mundo se deriva en un infinito número de mundos, a la vez?

Epicteto se asoma con su famosa frase: “No son las cosas las que nos inquietan, sino las opiniones que tenemos de las cosas”.

Interesante el célebre enunciado de Epicteto, ya que así como influye de manera cardinal en el constructivismo radical, también influye en las actuales psicoterapias de base racional emotiva o de las denominadas cognitivas; ver por ejemplo el libro de Efraín Bartolomé “Educación emocional en veinte lecciones”.

En palabras de Watzlawick: “Desearía señalar, ante todo, que tenemos que vérnoslas propiamente con dos realidades (…) Existe primero la realidad que nos transmiten nuestros órganos sensoriales (…), la percepción directa por la vía de los órganos sensoriales y, consiguientemente, la atribución de sentido, de significación y de valor a esa percepción La realidad de primer orden sería, pues, la percepción directa. La realidad de segundo orden es la atribución de sentido y de valor. Y no hay una clarificación objetiva o fijación de lo correcto de esta atribución. Pero todos nosotros tenemos la sorprendente idea de que el modo como vemos el mundo refleja el mundo en su objetivo ser así. Y no caemos en la cuenta de que somos nosotros los que atribuimos una significación a ese mundo.”

Cuando se trata de indicar la renuncia a una realidad objetiva, el autor involucra el pensamiento del físico Heisenberg: “La realidad de la que podemos hablar jamás es la realidad en sí, sino una realidad sabida o incluso, en muchos casos, una realidad configurada por nosotros mismos.”

El libro termina cuando su autor, Paul Watzlawick, indica los supuestos básicos del constructivismo radical, a saber:

ENUNCIADOS: Los seres humanos construyen su propio mundo individual, familiar, social, etcétera.

CAMPOS DE APLICACIÓN: Del orden psicoterapéutico, psicopedagógico, filosófico. Dice Watzlawick: “No presumo de transmitir la verdad a los hombres a los que puedo ayudar. Sólo tengo la posibilidad de transmitirles otra construcción que quizás cuadra mejor. Eso es todo lo que puedo hacer."

POSIBILIDADES: Son inmensas en tanto el constructivismo significa libertad para erigir mundos, realidades, que a la vez permiten cambios, combinaciones lúdicas novedosas para saber vivir. Aquí es también interesante la manera en que el autor cita un fragmento amplio y muy lúcido de "El lobo estepario" de Herman Hesse.

OBJETIVO: Los hombres que asumieron vivir de verdad la idea de que ellos son los constructores de su propia realidad, se caracterizarían por tres propiedades especiales:

1).- “Serían libres, pues el que se sabe constructor de su propia realidad, también puede crearla con otra forma en todo instante.”

2).- “Sería responsable en el más profundo sentido ético, pues quien ha comprendido de hecho que él es el constructor de su propia realidad, no cuenta ya con la opción de evadirse a la cómoda excusa de la coacción ejercida por las cosas ni con la de echar la culpa a otros.”

3).- “Un hombre de esas características sería conciliador en el sentido más profundo del término”.

FUENTE:

- Paul Watzlawick. El sinsentido del sentido o el sentido del sinsentido, editorial Herder, Barcelona 1995.

Versión castellana de Víctor A. Martínez de Lapera.

VÍCTOR E. FRANKL Y LA LITERATURA DE OSCAR WILDE

LA EPISTOLA: IN CARCERE ET VINCULIS (DE PROFUNDIS) COMO MUESTRA FEHACIENTE DE LA REALIZACIÓN DE VALORES CREATIVOS Y DE ACTITUD

Las personas sensibles se preguntan acerca de la importancia de las expresiones escritas en sus vidas, eso me conduce a reflexionar acerca de las relaciones entre ciertos autores consagrados por su obra literaria, con el mundo que les tocó vivir, con el valor de sus libros, con sus contenidos ya leídos no sólo como referencias propias del mundo del lenguaje literario sino como proyecciones reales de sus mensajes como verdaderos aportes para sustentar ciertas áreas teóricas de la psicología.

Con Víctor E. Frankl he llegado a comprender la necesaria elasticidad en la adaptación hacia posibilidades nuevas, abiertas, ante la responsabilidad que ocupan las personas que deciden la toma seria de una conciencia del deber, signada sobre todo por asumir el compromiso de construir o descubrir el sentido de sus propias y singulares vidas. La plenitud de sentido la ofrecen, de manera dinámica, los valores. Para el psiquiatra austriaco, nacido en 1905 y muerto en 1998, el ser-consciente quiere decir también el ser-responsable, y la principal responsabilidad es la de vivir la vida a través de cumplir con el deber los valores asumidos, que pueden ser, entre otros, los valores creativos, los valores vivenciales y los valores de actitud. Los valores de creación, aparte de hallarse suscritos por el mismo actuar de las personas, también incumben a los que proyectan a quienes los asumen hasta las realidades de las obras artísticas, literarias, teóricas, etcétera. Hay pues el encuentro con una plenitud de sentido al saberse capaz de crear una sonata, un nuevo arreglo floral, un corto animado revolucionario, un ensayo lúcido y lúdico, una melodía, un blog creativo, un poema. En ese sentido se asume como algo único en la medida en que la persona creativa descubre el cómo, el porqué (el para qué muchas veces se relativiza por los mismos desgloses de una subjetividad creadora, pero esta es una de las preguntas más difíciles de contestar en los terrenos de la creación, cuando se persigue la autenticidad y no solamente el reconocimiento social) y siente alegría por realizarlo siendo consciente de sus propias virtudes y de sus limitaciones. Cómo trabajar con creatividad y, a la vez, dilucidar el sitio de su propia valía (sin autoengaños, ni pretensiones narcisistas), es decir, conocer si la persona realmente ocupa o no el lugar en que se encuentra su proceso creativo, o incluso profesional, son formas de llenar o no (dependiendo de la congruencia de su hacer) el círculo de sus deberes.

Escribe Víctor E. Frankl, en su libro Psicoanálisis y existencialismo: “Un hombre corriente que cumpla realmente con los deberes concretos que le plantean su familia y su profesión es, a pesar de la “pequeñez” de su vida, más “grande” y ocupa un lugar más allá que cualquier “gran” estadista que tenga en sus manos la posibilidad de disponer de un plumazo de la suerte de millones de hombres, pero que no gobierne sus actos ni tome sus decisiones con arreglo a la conciencia del deber.”

Esto anterior busca ubicar el sentido de la vida allí precisamente donde florece, bajo el sol e incluso bajo la sombra: en la sencillez de la gente, de aquellos que conocen el lugar que ocupan los actos creativos en sus vidas, la dimensión de su hacer, en sus legítimas aspiraciones de comunicación con los demás.

La pregunta acerca del valor de nuestros actos creativos, del lugar que ocupan en nuestras vidas, de cómo se relaciona la vida artística con nuestros comportamientos, son cuestiones que hay que reflexionar.

Es sumamente interesante lo que admite Oscar Wilde, en su hermosa Epistola: In Carcere et Vinculis (De Profundis). Me atrevo a sugerir que es en la cárcel donde el soberbio autor irlandés, nacido en 1854 y muerto en 1900, adquiere la humildad; en condiciones en que la moral de su época lo condena no sólo a sufrir la más tremenda de las angustias que un preso puede llegar a experimentar por el confinamiento, sino el verdadero derrumbe del mundo convencional, decadente y extraordinariamente refinado en que convivió, incluso con quienes le dieron la espalda cuando vive ese trance carcelario. Allí en prisión el autor de El abanico de lady Windermere se religa a un cristianismo personal (ver a Cristo como un precursor del movimiento Romántico es bastante sugestivo); se reconoce, a través de la pena indecible de haber perdido casi todo, en el entendimiento y el corazón signados en una carta dirigida a su amor frustrado, a la persona de lord Alfred Douglas, su amadísimo Bosie, con quien vivió el amor, los caprichos, la compañía ante el tercero odioso, el padre del lord; sin embargo, con quien incluso pudo regresar después de prisión antes de morir. Wilde aclara su propia actitud ante la obra erigida y su impacto en la vida entregada a ella. Y nos lega las siguientes líneas de su Epistola…:

“Los hombres señalan la cárcel de Reading y dicen «Miren adónde lleva a un hombre la vida artística». Bueno, puede llevar a sitios peores. La gente más mecanizada, para quien la vida es una astuta especulación que depende de un atento cálculo de medios y métodos, sabe siempre hacia dónde va, y logra sus objetivos. Comienza con el anhelo de ser bedel de la parroquia y sea cual fuere la esfera en que se sitúa consigue lo que se propone: ser el bedel de la parroquia, y nada más. Un hombre que aspira a ser algo separado de sí mismo –miembro del Parlamento, comerciante rico, juez o abogado célebre o algo igualmente aburrido– siempre logra lo que se propone. Éste es su castigo. Quien codicia una máscara termina por terminar oculto tras ella.

Pero es muy distinto hacer esto con las fuerzas dinámicas de la vida y con quienes las encarnan. La gente cuyo único deseo es la autorrealización nunca sabe adónde va ni puede saberlo. En cierto sentido, es por supuesto indispensable conocerse a sí mismo, como dijo el oráculo griego. Es el primer logro del conocimiento. Pero el logro final de la sabiduría es reconocer que el alma humana es inconocible. El misterio supremo es uno mismo (…)

Espero vivir lo suficiente para hacer una obra tal que cuando acabe mis días pueda decir: «Sí, miren adónde lleva a un hombre la vida artística».”

Es posible plantear que Oscar Wilde lleva hasta lo más hondo de su ser los valores creativos, los valores vivenciales y los de actitud. Incluso confinado en instituciones totales, como las prisiones de Holloway, Wandsworth y Reading, se puede observar a un autor en plenitud, concibiendo dos de sus mejores obras literarias: la misma Epistola… y The Ballad of the Reading Goal.

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Los valores se realizan con la exigencia que la vida plantea, al decir de Víctor Frankl: “De hora en hora cambia en la vida del hombre la posibilidad de orientarse hacia este o hacia aquel grupo de valores. Unas veces, la vida exige de nosotros que realicemos valores creadores, otra nos obliga a volvernos a la categoría de los valores vivenciales. Unas veces se nos plantea, por decirlo así, la tarea de enriquecer al mundo con nuestros actos; otras, entregándonos a una posibilidad de vivencia.” Hay que agregar que los valores de actitud, en el caso de Oscar Wilde, tienen que ver sobre todo con su comportamiento en las condiciones extremas en que vivió al redactar esas dos obras mencionadas con anterioridad, y más allá de los méritos literarios de las mismas, cuando reitera una y otra vez que “El amor se nutre de la imaginación. Gracias a la imaginación. Gracias a la imaginación nos volvemos más sabios de lo que sabemos, mejores de lo que sentimos, más nobles de lo que somos; podemos ver la vida en su totalidad. Por la imaginación (…) podemos entender a los demás en sus relaciones reales o ideales.”

El escritor irlandés realiza valores de actitud cuando sabe soportar el aislamiento, que de ser atroz pasa a ser un espacio también de estudio y creación, cuando pudo tener libros a su alcance y papel para poder escribir, gracias a las atenciones de algunos amigos. Para Víctor E. Frankl la realización de este grupo de valores consiste precisamente en la actitud que el hombre adopte ante una seria limitación de su vida. El psiquiatra, formado en la escuela ftreudiana de psicoanálisis, explica que “La posibilidad de llegar a realizar esta clase de valores se da, por tanto, siempre que un hombre se enfrenta con un destino que no le deja otra opción que la de afrontarlo (…) se trata de actitudes humanas como el valor ante el sufrimiento, o como la dignidad frente a la ruina o el fracaso. Tan pronto como estos valores de actitud se incorporan al campo de las posibles categorías de valores, se ve que, en rigor, la existencia humana no puede, en realidad, carecer nunca de sentido: la vida del hombre conserva su sentido hasta el aliento final, hasta que exhala el último suspiro.”

En la cárcel, Oscar Wilde logra la autotrascendencia y una profunda capacidad para distanciarse de sí mismo. Frankl, en su libro Teoría y terapia de las neurosis, indica “que el existir humano siempre hace referencia a algo que no es ese mismo existir, a algo o a alguien, a un sentido que hay que cumplir o a la existencia de un ser humano solidario con el que se efectúa un encuentro”.

Oscar Wilde en su Epistola… ofrece unas palabras que confirman el sentido de su autotrascendencia:

“Donde hay dolor hay un suelo sagrado”.

Cuando Robert Sherard está presente en el traslado de Oscar Wilde, de la cárcel al Tribunal de Quiebras, el autor de la novela El retrato de Dorian Gray transita en medio de la bulla de los curiosos y del personal que atiende este tipo de trámites, va esposado y con la cabeza baja, Robert Sherard es el único que saluda al escritor, con mucho respeto despojándose de su sombrero… Wilde escribe en su Epistola…: “Por menos que eso muchos han ganado el cielo. Y lo hizo delante de la multitud y con un gesto tan dulce y sencillo la redujo al silencio. Con este mismo espíritu y esta forma de amor los santos se arrodillaron para lavar los pies del pobre o se detuvieron a besar la mejilla del leproso. Nunca le he dicho a Robbie una palabra acerca de lo que hizo y hasta hoy no sé si él se dio cuenta de lo que su gesto significó para mí (…) Lo guardo entre los tesoros de mi corazón. Lo conservo allí como una deuda secreta y me alegra pensar que nunca podré pagarla.”

Este tipo de vínculos humanos conducen a quien los experimenta a un más allá de sí, cuyo centro existencial significa profundizar en la propia conciencia de sí, y al reconocimiento tácito, otra vez, de que los gestos naturales, sencillos, entre los seres humanos, son los que otorgan un verdadero sentido a la vida y toman la forma de auténticos valores vivenciales, que pasan como actos de genuina solidaridad.

Martin Buber, filósofo judío nacido en Viena en 1878, y muerto en Jerusalén en 1965, en el libro¿Qué es el hombre?, cuando patentiza su lectura de Kant, allí cuando reconoce el filósofo alemán del siglo XVIII las interrogantes esenciales acerca del hombre (¿qué puede saber?, ¿qué debe hacer?, ¿qué le cabe esperar?), Buber responde que es la psicología kantiana la que contesta a la segunda interrogante, ¿qué debe hacer?, significando con esto que hay un hacer que el hombre debe, que no está, por lo tanto, separado del hacer justo, sino que, por eso mismo puede experimentar su deber, encuentra al hombre abierto el acceso al hacer; en los términos de cómo se realiza psíquicamente el deber, y como ética, qué es lo que hay por hacer. Víctor E. Frankl relaciona significativamente, con su visión del sentido de la vida como la plena realización de valores, a la psicología y a la ética, de algún modo a la manera kantiana, pero más que nada lo realiza como lo proponen la filosofía del alemán Nicolai Hartmann (1882-1950), por ejemplo en cuanto a los valores morales, fundados en la seriedad de los propósitos y en la hondura de las intenciones con que obran las personas. También el filósofo alemán Max Scheler (1874-1928) influye ciertamente en Frankl, con los criterios básicos para jerraquizar los valores, entre otras líneas filosóficas. Algo primordial en esta influencia filosófica es lo que propone Scheler, bajo la denominación sentimiento del valor.

El aprendizaje de Oscar Wilde, es ese pasaje extremo de su vida en prisión, que lo hace rememorar la frase máxima del oráculo griego que sugiere el conocerse a sí mismo, se reconoce con claridad en las palabras de otro psicoanalista alemán, Erich Fromm (1900-1980), cuando en su texto Psicoanálisis y Budismo Zen escribe: “El principio que debemos mencionar primero es el concepto de Freud acerca de que el conocimiento conduce a la transformación, de que la teoría y la práctica no deben separarse, de que en el acto mismo de conocerse a uno mismo, uno se transforma.”

Oscar Wilde, sin duda, se transforma en la cárcel y con una afirmación más comprometida de su arte literario, ya casi totalmente elaborado en el año de su excarcelación, en 1897.

Es imposible ver en la actitud de Wilde ante su reclusión, una especie de sometimiento y resignación ante la mano injusta de la ley. De hecho como lo apostillan los Pacheco, en la parte final de la Epistola …: “Una conciencia que no se encuentra en otros escritores «decadentes» aparece en The soul of man under socialism, en 1891 y en sus dos cartas al Daily Chronicle, modelos de literatura política, que contribuyeron a la reforma del sistema penitenciario en Gran Bretaña.”

Como podemos observar, la vida de Oscar Wilde es el testimonio de un autor consumado, que continúa latiendo en los corazones de quienes nos acercamos a ella sin prejuicios y con la actitud de celebrar su vida rebosante de sentido a la manera en que lo propone Víctor M. Frankl.

NOTA:

Cartas de Wilde al Daily Chronicle, la primera publicada el 28 de mayo de 1827; la segunda, el 24 de marzo de 1828, mismo año en que muere su esposa.

FUENTES:

- D.T. Suzuki, Eric Fromm. Budismo Zen y Psicoanálisis. F.C.E. México 1975.

- Martin Buber. ¿Qué es el hombre? F.C.E. México, 1974.

- Oscar Wilde. Epistola: In Carcere et Vinculis (“De Profundis”). Editorial Seix Barral, España, 1977.

- Víctor E. Frankl. Psicoanálisis y existencialismo. F.C.E. México, 1990.

- ______________Teoría y terapia de las neurosis. Editorial Herder, Barcelona, 2001.

ANOREXIA

LA ANOREXIA ES UNA POLÍTICA, PERO ¿DE QUÉ NATURALEZA?

Santa Anorexia,

Silvia Fendrik,

Ediciones Corregidor,

Bs. As. 1997

114 Págs.

Por un beso de la Flaca daría lo que fuera,

por un beso de ella, aunque solo uno fuera.

Jarabe de Palo.

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Este es un buen libro por varias razones, una de ellas es que la autora, la psicoanalista argentina Silvia Fendrik (sin mencionar en sus citas bibliográficas el dato), se ha aventurado en una genealogía foucaultiana con el concepto anorexia. Así nos lleva cautamente de las chicas que se rehusaron a consumir alimentos en el siglo XIX, cosa vista por la Iglesia de la época como casos de posesión demoníaca. Pero también pasa revista a algunas mujeres que se niegan a alimentarse y que han sido consideradas como brujas, santas, histéricas (ya en los tiempos de Charcot, y después de Freud), como figuras amadas por los artistas románticos, hasta llegar a la anorexia propiamente nerviosa y rematar con diferentes menús (psicoanalítico, conductista y sociocultural) que ahora sí intentan explicar la esencia de eso de no consumir alimentos en algunas chicas, sobre todo muy jóvenes y en su mayoría de clase media, sobre todo en la época victoriana y en la actualidad.

La lectura que hace la Fendrik acerca de la anorexia conlleva una argumentación propia del campo psicoanalítico, por supuesto que incluso haciendo acotaciones de cierto feminismo, hacia lo que en su decir está su no decir. Sabe que la anorexia es concebida en el siglo XIX como “una entidad con características muy precisas: la falta de deseo de alimentarse, que afecta por sobre todo a mujeres jóvenes entre los 14 y los 22 años y que no debe ser confundida con la falta de apetito como consecuencia de alguna enfermedad o como respuesta frente a una perdida (desilusión amorosa, muerte de un familiar, etc.)”. (Pág. 110). Para llegar a ello Fendrik examina a las chicas que tenían un comportamiento desconcertante (lujuria, el no comer, etc.) a los ojos de las autoridades religiosas y del pueblo ignorante, así verifica en su papel, además, de historiadora, los distintos discursos que confluyen es ese siglo: el médico, el místico, el literario y el psicológico, para explicar el fenómeno que le ocupa.

Intenta conocer lo que sucede en ese tipos de mujeres que no desean alimentarse, busca en los libros que revisa los diferentes discursos que le buscan una identidad (machista desde el inicio) a esas mujeres singulares. Percibe la manera en que el discurso religioso del siglo XIX sobre las llamadas poseídas, pierde terreno frente al discurso médico, aunque siempre está el dictamen científico encumbrado por concepciones misóginas y represivas.

Una lectura del libro nos dirá que las chicas, en cuya sintomatología estaba el no comer, se comportaban de esa manera para no terminar siendo lo que detestaban, primero mujeres que muy jóvenes tenía que soportar el destino de ser esposas sojuzgadas, abusadas, siempre en los márgenes de servir al otro, a los otros; segundo, en mujeres que eran el vivo retrato de sus madres, también acosadas por la posesión, no diabólica, sino concreta y simbólica del universo machista.

La Fendrik sabe que en su estudio es necesario hacer historia, porque ella ve en la anorexia un campo de genealogía conceptual y es así que sus indagaciones las llevan a acentuar el síntoma de no comer en las diversas posibilidades de ser “mujer extraña” a los ojos de las diferentes sociedades en el pasado: la bruja, la poseída, la histérica, la musa romántica, y por fin la anoréxica.

Así en las páginas de este libro se verán los nombres de casos célebres de poseídas (de Loudun, siglo XVII; de Morzine, siglo XIX); de santas famosas (Catalina de Siena, Santa Clara de Asís), de enflaquecidas charlatanas (Ann Moore, Sarah Jacob, Mollie Fancher) o de la figura de la mujer fatal en personajes de la literatura universal (La dama de las Camelias).

Como Sigmund Freud se planteó en una de las cartas a Fliess: “¿Qué dices si te señalo que toda mi nueva historia de la histeria era ya cosa consabida y publicada cientos de veces, y aún hace varios siglos? ¿Recuerdas que siempre dije que la teoría de la Edad Media y de los tribunales eclesiásticos sobre la posesión era idéntica a nuestra teoría del cuerpo extraño y la escisión de la conciencia? (…)”. Esto es detonante en la mirada de Fendrik, quien se ve acicateada por este argumento en forma de pregunta para ir tras las huellas de los dominicos que establecieron en un libro famoso el Malleus Malleficarum (Martillo de los brujos) en el siglo XV los procedimientos para descubrir los signos de las poseídas por el diablo. Ese libro es un tratado acerca de las brujas, de sus características, de sus señales, de su peligrosidad para la fe de los creyentes, pero indudablemente es un libro que sostiene las concepciones de una fe y de una iglesia que se ve amenazada por la singularidad de las mujeres que saben, que poseen y practican conocimientos que desconciertan a las personas que viven en un mundo estrecho de miras; y aquí es La Iglesia y todo su poder terrenal y supraterrenal el que invierte su poder en matar y maltratar a las mujeres que se salen de los convencionalismo marcados por la norma de eclesiástica y la sociedad en general.

Silvia Fendrik claramente ve que esta voluntad de no comer, en las místicas, es trasgresora porque en su camino a Dios para ellas no interviene la iglesia con sus normas; entonces las santas se convierten en seres de excepción porque van a Dios sin mediaciones terrenales. La Santa anorexia es rebelde y autónoma, en sus profundos estados de éxtasis erótico donde hay visones de alimentarse de Cristo. Igual sucedía con las llamadas brujas pues para la iglesia ambas, santas y brujas, estaban poseídas, eran clarividentes y profetas, volaban, tenían marcas en sus cuerpos que las delataban. En resumen, desafiaban y rechazaban el poder mediador de la Santa Madre Iglesia, al entrar directamente en contacto con Dios o con el diablo.

Es en la década de 1870 cuando dos médicos, Gull en Londres y Lasegue en París, mencionan casos de “anorexia histérica”. Describen al desorden en términos médicos y psíquicos. Gull fue el primero en nombrar a la enfermedad Anorexia Nerviosa, otorgándole un componente mental y señalando que en estas jóvenes existía una privación perversa de comer. Lasegue observó que la enfermedad ocurría en mujeres adolescentes y comenzó a investigar el comportamiento de la familia ante el rechazo de la adolescente a ingerir alimentos. Dentro de este momento histórico, de sociedades europeas puritanas la Fendrik revisa a ambos estudiosos de la materia; la psicoanalista destaca que la anorexia parecía romper a propósito los ideales de la familia burguesa, que le daba mucha importancia a la comida y al ritual de la hora de comer. Asimismo señala que los médicos de ese tiempo buscan que se alimenten las ayunantes radicales, pues consideran los argumentos de las chicas como caprichos sin fundamento.

Para Silvia Fendrik la voluntad de no comer nada es la anorexia, santa o profana.

Anorexia “es cualquier tipo de relación más o menos complicada con la comida, o en cualquier dieta más o menos estricta para adelgazar”. (P.123) La anorexia está de moda en estos tiempos como lo estuvo aún en sus espacios restringidos de las familias vitorianas, y es en las explicaciones culturales donde se acentúa el anhelo imperativo que hace de la delgadez extrema el atributo fundamental de la belleza femenina actual. Donde se disputan la primacía la influencia de los mass media, las modelos y los diseñadores de moda.

Fendrik señala muy bien lo siguiente: la anorexia es un síntoma; pero más que eso: es toda una política; pero, ¿de qué naturaleza? Ella ve y critica que en cierto feminismo las anoréxicas son vistas como portadoras de protesta y resistencia, pero la pregunta que se hace es cuándo es protesta consciente y cuándo es mero narcisismo neurótico y en última instancia comercial.

Ustedes al leer el libro tendrán una respuesta pero sobre todo una pregunta más estimulante aún: ¿qué hace que una mujer decida no alimentarse como es debido?